Padres “tóxicos”

Cuando hablamos de “relaciones tóxicas” a menudo nos referimos a relaciones de pareja, aunque este funcionamiento también se observa en relaciones de amistad, relaciones laborales y relaciones familiares. Si los efectos ya son tan dañinos en una relación adquirida (amigos, pareja…), cómo no van a serlo cuándo define la relación con los padres. Se habla en general de “madres tóxicas”, aunque nosotros preferimos ampliar el término a ambos progenitores, si bien las características pueden ser diferentes en madres que en padres.

padres_toxicos2El estilo educativo que recibieron los padres, la personalidad de los mismos, incluso lo que para ellos significa “tener un hijo” (dificultad para aceptar su propia individualidad, como un ser independiente de nosotros), influye en la relación padres-hijos. Este tipo de funcionamiento es inconsciente, y la principal dificultad radica en la concepción que tienen los padres de que “están haciendo lo mejor para sus hijos”, “los están educando como tienen que educarlos”…lo que se traduce en no tener consciencia del problema. El funcionamiento tóxico o patológico se ve desde fuera, nunca desde dentro, los padres piensan que sus hijos tienen algún problema, y los hijos, dependiendo de los mecanismos de defensa que pongan en marcha, echarán la culpa hacia afuera, en forma de problemas de conducta, rebeldía, conflictos…., o hacia sí mismos, en forma de síntomas depresivos, somatizaciones, baja autoestima…..En algunos casos, es en este punto cuando, al ver que al hijo “le pasa algo”, piden ayuda. En otras ocasiones, es el propio hijo, ya adulto, quién pide ayuda, sin conocer muy bien qué es o que le pasa, ya que “disfrazado” de una gran variedad de síntomas posibles, radica una baja autoestima, inseguridad, infravaloración de sí mismos…., que afecta a todas las áreas de su vida, y en concreto a las relaciones con otras personas.

Algunos perfiles serían los siguientes:

-Controladores/perfeccionistas: no permiten que los hijos seanimages (1) seres libres e independientes, ejercen un control sobre
todo lo que hacen, y las cosas estarán “mal hechas” si no se hacen igual que ellos las harían. Todo lo que el hijo hace como “individuo” y bajo su criterio propio, será criticado, e intentará cambiarse. Las decisiones las toman por ellos, lo que se traducirá en una gran inseguridad, falta de confianza en uno mismo, incapacidad para tomar decisiones propias, dependecia, etc.

-Carentes de afecto: padres ausentes o distantes emocionalmente. De niños buscamos la aprobación de nuestras figuras de “seguridad” (los padres), aprendemos “lo que está bien y lo que está mal” en función de los efectos que nuestras conductas tienen en nuestros padres…., cuando recibimos una crítica de algo que hicimos mal, nos sirve para aprender que está mal hecho, el problema es cuándo hacemos algo bien, y también recibimos una crítica, o “el silencio”….Esto generará una gran confusión, y empezará una búsqueda de una aprobación que nunca llegará, lo que puede traducirse en conductas perfeccionistas, asumir más responsabilidades de las que corresponden, anular la satisfacción personal, o culpa por hacer algo por uno mismo, como por ejemplo, divertirse….

-No reforzantes: cualquier cosa “mala” que haga el hijo es culpa del hijo, cualquier cosa “buena” que haga es su deber o su responsabilidad. Nunca valoran nada de lo que hacen sus hijos, ignoran estas conductas de aprobación, por mucho que los hijos intenten conseguirla. Esto influirá en la propia valoración que los hijos tengan de sí mismos, y en una búsqueda de aprobación continua, para sentirse queridos.

-Egocéntricos: padres que se centran en sí mismos, infravalorando lo que haga el hijo o lo que le cuenten.

Es fácil el pensar que son “malos padres” o que “no quieren a sus hijos”, pero lo cierto es que no es así. Sí quieren a sus hijos e incluso “harían cualquier cosa por ellos”, pero no “saben hacerlo de otra manera”. Pueden tomar conciencia del problema, por lo que la intervención y apoyo sería más fácil, pero no siempre sucede así, por lo que la intervención radica en los hijos. Esta, también será diferente en función de si son niños, adolescentes o adultos, pero en general pasaría por trabajar su autoestima, aprender a valorarse por uno mismo, permitirse ser “imperfecto”, aceptarse como son, aprender a poner límites y distancia de los padres, defender sus derechos y tener “un control” diferente de la relación.

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