Querer, una condición necesaria, pero no suficiente, en una relación amorosa. Relaciones tóxicas.

545261_10150908221389606_317114964605_12763436_1174603833_n1“No puedo romper la relación porque le quiero”, es uno de los argumentos más utilizados y que más escuchamos en consulta en problemáticas de pareja, y que parece imposible de rebatir, porque tenemos el ideal de que “el amor todo lo puede”. Pues bien, siempre contra-argumentamos que “querer es una condición necesaria, pero no es suficiente” en una relación amorosa, y más todavía si sólo contemplamos el “querer al otro” y nos olvidamos del “querernos a nosotros mismos” .

Normalmente cuando una pareja decide acudir a terapia de pareja, es cuando “ya lo han intentado todo” por su cuenta, se han dado varias oportunidades y se encuentran en una espiral, o bien están a punto de romper la pareja y ninguno de los dos quiere. Pero qué pasa si lo que observamos es una relación tóxica? Incluso, personas que acuden a terapia individual con diversa sintomatología, tienen a veces una persona o relación tóxica detrás.

¿Cómo identificar una relación tóxica? Algunos indicios:

-Pasas más tiempo “agobiado” y triste, que feliz y disfrutando.

-Sientes que das más de lo que recibes de tu pareja.

-Desconfianza: desconfías de tu pareja, o ella de ti. Celos patológicos.reltoxi

-Eres abusado verbal, sexual o físicamente.

-No puedes ser tu mismo: mides tus palabras, tus actos, por miedo a su reacción.

-Sensación de alerta e incertidumbre, pendiente de “cuánto va a durar el buen momento”.

-Si valoras en conjunto tu relación, los buenos momentos son “las excepciones”.

-Dudas de si te quiere

-Pérdida de nuestra propia identidad, abandono de relaciones sociales, familiares,…

Si te sientes reflejado, quizás debas plantearte cómo estás en tu relación.

El primer paso, será tomar conciencia del problema. Es el paso más importante y uno de los más difíciles de asimilar. La negación es uno de los mecanismos de defensa que actúan en estos casos. La relación desde afuera es vista de una forma diferente a cómo la ven los miembros de la pareja, y la negación y minimización del problema, incluso justificación (“es que cuando estamos bien, estamos muy bien”), no facilita el proceso. Si ambos miembros de la pareja, son conscientes de que están en una relación tóxica, y tienen disposición para cambiar y trabajar las dificultades “en equipo”, es posible iniciar una terapia de pareja. En ocasiones, incluso, será necesario que ambos o alguno de los dos, deba recibir terapia individual para trabajar otros aspectos personales, que puedan estar en la base del problema o influir en el. Cuando esto no es posible, o bien, se intenta pero se vuelve a caer en la misma espiral, es recomendable romper la pareja, ya que en el futuro sólo tendremos, como mínimo, “más de lo mismo”.

La ruptura de una pareja tóxica es dura, difícil y “tormentosa”, al igual que lo puede ser el salir de una adicción, ya que el “enganche” emocional (la dependencia), es muy fuerte. Además, el miedo a la soledad, el empezar de nuevo, el romper las expectativas de futuro con esta pareja o incluso la esperanza de que pueda llegar a ser “cómo al principio” de la pareja (aunque esta etapa de “luna de miel” haya sido breve), entre otros factores, aumenta las dudas.

Lo principal es hacer una “ruptura real”, ya que si continúa el contacto de alguna forma (aunque sea mediante redes sociales), continuará el enganche.

No magnificar lo bueno y minimizar lo malo. Esta percepción suele aumentar al pasar un tiempo de la ruptura, al distanciarse de lo “sufrido”, donde pueden surgir las dudas de “si he hecho bien”, “le hecho de menos”, “es que cuando estábamos bien, estábamos muy bien”…

Debemos asumir la ruptura y aceptar el duelo de la pérdida, para poder seguir adelante, ya que sobretodo no podemos olvidarnos de nosotros mismos, y si no podemos ser nosotros mismos con nuestra pareja, entonces no nos vale con “quererle”, porque “querer no es suficiente”.

Un pensamiento en “Querer, una condición necesaria, pero no suficiente, en una relación amorosa. Relaciones tóxicas.

  1. Pingback: Padres “tóxicos” | En blanco y amarillo

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